Jueces valientes


#JuecesValientes ©®| El magistrado Pérez revisaba una vez más los folios del expediente con las manos temblorosas, no por la complejidad del caso, sino por la sombra intimidante de su Oficina de Control; sabía perfectamente que las estadísticas oficiales premiaban las condenas y miraban con recelo cada absolución. Aunque las pruebas de cargo eran débiles, contradictorias e insuficientes para destruir el estado jurídico de inocencia, el peso psicológico del miedo a ser investigado, suspendido o destituido terminó por doblegar su criterio jurídico. Aquella tarde firmó una sentencia condenatoria injusta, prefiriendo sacrificar la libertad de un inocente antes que arriesgar su propia estabilidad laboral frente a unos órganos de control inquisitivos que han convertido la absolución en un acto sospechoso.

Esta dolorosa realidad refleja cómo el sistema penal, concebido exclusivamente para sancionar a verdaderos delincuentes mediante un rigor probatorio incuestionable, se desnaturaliza cuando los jueces condenan por meras sospechas o creencias subjetivas. El dolo y la intención criminal jamás pueden presumirse ni validarse con pruebas mediocres; por el contrario, exigen un estándar tan alto y riguroso que resulte capaz de fracturar el único escudo legítimo que nos protege como ciudadanos frente a la arbitrariedad del Estado: la presunción de inocencia. Trágicamente, en la práctica judicial contemporánea se viene distorsionando el principio in dubio pro reo, utilizando perversamente la duda NO para absolver como manda la ley, sino para condenar bajo el pretexto falaz de combatir la criminalidad.

Por ello, es urgente recordar que los jueces no son funcionarios de choque ni activistas contra la delincuencia, sino guardianes implacables de la legalidad constitucional y de los derechos fundamentales. Como bien se advierte en las trincheras policiales a quienes cargan con la responsabilidad de hacer cumplir la ley: si se tiene miedo, es mejor dedicarse a otra cosa. Los magistrados deben perder el terror a absolver cuando la fiscalía fracasa en su labor probatoria, pues la verdadera justicia no se mide por el número de personas privadas de libertad, sino por la integridad con la que se respeta el debido proceso; al final del camino, cada toga será recordada únicamente por la valentía y la rectitud con la que defendió la verdad.

Con aprecio,

Omar CHAYÑA
Abogado defensor en materia penal y disciplinaria. Especialista en Investigación Criminal (PNP), Inteligencia Policial (PNP) y Prueba Pericial (España). Estudios en investigación delictiva (Texas, EE. UU.), criminalística (PNP). Bachiller en Educación (UAP). Técnico en informática (ISTPN). CEO de Derecho de Policía | S1 PNP (R).

P.D. Un saludo cordial a nuestros jueces. En especial, un reconocimiento a esos pocos pero valientes magistrados que no dudan en absolver ante la falta de prueba suficiente. ¡Que jamás les tiemble el pulso para condenar cuando la evidencia sea irrefutable y altísima, permitiéndoles caminar con la frente en alto, ni para dictar una absolución cuando la justicia y la ley así lo exijan!

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