Defensa legal: Juez justiciero


#JuezJusticiero ©®| ¿Podemos llamar «justicia» a una decisión judicial que ignora la verdad científica y se basa únicamente en lo que otros dicen?

La sociedad, golpeada por la inseguridad, a menudo exige que los jueces asuman el rol de justicieros, como si su misión en el estrado fuera erradicar el crimen a cualquier costo; sin embargo, esta visión distorsiona la esencia misma del derecho. Veo de primera mano que el sistema es falible. El juez no está allí para ser el héroe de la opinión pública ni para complacer clamores populares, sino para erigirse como el último muro de contención contra la arbitrariedad estatal. Su victoria no se mide por la cantidad de personas que envía a prisión, sino por su valentía para garantizar que ningún inocente pierda su libertad basándose en meras suposiciones.

Por ello, es un imperativo moral y jurídico exigir a nuestros magistrados que fundamenten sus sentencias estrictamente en «verdaderas pruebas». No podemos tolerar que la vida de un ciudadano penda de un hilo por culpa de investigaciones fiscales o policiales negligentes, apresuradas y carentes de rigor. Un juez debe ser implacable al rechazar condenas basadas en simples dichos, en videos de origen dudoso que rompen cualquier cadena de custodia, y en palabras vacías que no resisten el escrutinio de la criminalística moderna. La prueba pericial, técnica, científica y objetiva, debe ser la única brújula en un tribunal. Condenar sobre la base del rumor o la negligencia investigativa no es hacer justicia; es un linchamiento disfrazado de legalidad.

Ciudadanos y operadores del derecho debemos comprender que proteger la presunción de inocencia no es fomentar la impunidad, sino defender nuestra propia dignidad. Cuando el inmenso aparato del Estado acusa, tiene la obligación absoluta de probar sus afirmaciones de manera irrefutable. Si permitimos que la chapucería reemplace a la evidencia, habremos fracasado como Estado de Derecho. El verdadero triunfo de la justicia se consuma en el exacto instante en que un juez, desafiando la presión mediática y el facilismo procesal, exige rigor y absuelve cuando no hay certeza. Porque la peor tragedia de un sistema penal no es que un culpable quede libre, sino que un inocente sea destruido por falta de pruebas.

Si hoy permitimos que un inocente sea condenado por falta de pruebas, ¿qué nos asegura que mañana no seremos nosotros quienes debamos enfrentar una mentira sin defensa?

Omar CHAYÑA
Abogado defensor en materia penal y disciplinaria. Especialista en Investigación Criminal (PNP), Inteligencia Policial (PNP) y Prueba Pericial (España). Estudios en investigación delictiva (Texas, EE. UU.) y criminalística (PNP). Bachiller en Educación (UAP). Técnico en informática (ISTPN). CEO de Derecho de Policía | S1 PNP (R).

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