#Fiscal | La labor del fiscal no es una cruzada de castigo ciego, sino el ejercicio más refinado de la justicia aplicada.
En la penumbra de una operación coordinada, donde el tiempo se mide en milisegundos y la prueba en certezas, una red de corrupción de alto vuelo creyó haber blindado su impunidad; sin embargo, no contaron con un binomio estratégico inquebrantable: un fiscal con visión de tablero y una policía operativa que actuó como un escalpelo* de precisión. La investigación fue tan pulcra, la cadena de custodia tan intacta y el análisis de inteligencia tan abrumador, que los procesados, al verse frente al espejo de sus pruebas en contra, no tuvieron más salida que la confesión. Aquel fiscal no se ganó el respeto por la fuerza de su cargo, sino por la fuerza de su técnica; no fue un perseguidor, sino un arquitecto de la verdad que dejó a la defensa sin margen para el error.
Recordemos que, etimológicamente, la palabra fiscal proviene del latín fiscus, que refería a la «cesta» o «tesoro» del Estado. Originalmente, el fiscalis era el protector de los intereses del soberano, pero hoy, en un Estado Constitucional de Derecho, ese «tesoro» no es el dinero, sino la legalidad misma. El fiscal es, por definición, el guardián de la norma, no su verdugo. Cuando el representante del Ministerio Público se aleja de la ciencia y se abraza a la improvisación, el fiscus se rompe.
La ciudadanía no odia la autoridad, odia el abuso de poder y la negligencia técnica. Un fiscal respetado es aquel que entiende que su mayor arma no es el pedido de prisión, sino la calidad de su disposición y el rigor de su razonamiento probatorio.
Ser un fiscal exige desterrar la mediocridad y la soberbia del escritorio. El respeto de los procesados, de la policía y de la sociedad civil solo se conquista cuando la capacidad desplaza a la improvisación. Como bien sabemos quienes hemos operado en el terreno de la investigación criminal, una detención por delitos reales, sustentada en inteligencia y pericia, es pedagógica para la sociedad. En cambio, un fiscal negligente es el mejor aliado de la impunidad y el peor enemigo de la institución.
Que la legalidad sea siempre su norte y la excelencia técnica su mejor defensa; porque un fiscal preparado no necesita alzar la voz para que se haga justicia, solo necesita mostrar sus pruebas.
Con aprecio,
Omar CHAYÑA
Abogado defensor en materia penal y disciplinaria. Especialista en Investigación Criminal • Inteligencia Policial (PNP) y Prueba Pericial (España). Estudios en investigación delictiva (Texas, EE. UU.), criminalística (PNP), defensa legal (DIRASJUR PNP), razonamiento probatorio (IPRP). CEO de Derecho de Policía | S1 PNP ®.
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* Un escalpelo es un instrumento médico muy pequeño y afilado que utilizan los cirujanos para hacer cortes precisos durante una operación.
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