Cultura


#PandillaPuneña | La disciplina como herencia y la familia como destino

Participar en la Institución Cultural «Liceo Perú» de Juliaca ha sido una fuente de inmensa gratitud y alegría. En sus filas, he reafirmado que la disciplina no es un monopolio de las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional; es, en esencia, un pilar de nuestra cultura que debe cultivarse en cada ciudadano. Liceo es mucho más que un centro de danza; es un espacio donde convergen grupos de familias unidos por lazos inquebrantables de amistad y respeto. Bajo esa mística, este año, junto a Carmen —mi compañera de vida y más—, hemos dado vida a la familia «Illary», un nombre que simboliza un nuevo amanecer de compromiso y fraternidad en nuestra tradición.

En la Pandilla Puneña, como en la vida misma, la justicia es dar a cada quien lo que le corresponde. A la pareja no solo le corresponde un paso bien ejecutado, sino el cielo del respeto, la protección íntegra y una dignidad sin condiciones. Bajo esta premisa, mantenemos cero tolerancia a la violencia, convencidos de que quien aprende a respetar en la pista, aprende a honrar en la vida. En este domingo de Pascua, la fe nos recuerda que la justicia no es solo norma, sino humanidad; Dios no mira coreografías perfectas, sino corazones rectos. Por ello, la Pandilla es una institución social viva: un «Liceo» del comportamiento humano donde se enseña que la libertad propia se detiene ante la dignidad del otro, formando carácter a través de una disciplina silenciosa que construye ciudadanía.

Hoy, el arte del galanteo debe reivindicarse como una manifestación de respeto absoluto: el hombre no está para dirigir, sino para proteger, y la mujer brilla con autonomía plena. Cada paso coordinado es un pacto de confianza entre iguales. Ayer, las calles de Juliaca vibraron con la energía de nuestra juventud; hoy, ese recuerdo nos exige el compromiso de vivir mejor. Como ciudadanos y operadores del derecho, nuestra misión es defender una cultura donde la fuerza jamás se confunda con la violencia. Que cada paso que demos sea un reflejo de dignidad y que la fe ilumine nuestro camino hacia una justicia más humana.

Ha sido un honor compartir este sentimiento y, sobre todo, reafirmar mi amor por ti, Carmen; sé que estás leyendo este manifiesto: ¡te amo! Con el corazón lleno de tradición y la firmeza de nuestros valores, cerramos este ciclo con la alegría de saber que nuestra identidad sigue más viva que nunca.

¡Nos vemos al año!

Con estima,

Omar CHAYÑA
«La verdadera distinción no está en el traje, sino en el respeto a la familia y la cultura»

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